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6/6/13

No saber

He oído muchas veces eso de "ojalá no supiera esto o aquello.... La ignorancia da la felicidad" y no puedo hacer menos que reírme. No os lo creéis ni vosotros. La ignorancia tan sólo ofrece dudas e inseguridad y quizás tengamos diferentes definiciones de felicidad, pero si la vuestra incluye estas dos cosas, quizás deberíais revisarla.

No saber es no poder actuar. No saber te bloquea el avance hacia cualquier sitio porque ni siquiera conoces tu destino. No saber es incertidumbre, es miedo a la oscuridad. La ignorancia te impide saber lo que vendrá, te impide prepararte, tomar decisiones, te arrebata cualquier control y cualquier capacidad de decisión.
La ignorancia significa dejarte mecer apaciblemente cuando sople la brisa, sí, pero también dejarte arrastrar por la tormenta y sucumbir contra los riscos.

La ignorancia es la muerte. La muerte de la mente y del espíritu, y si me apuras, la muerte del cuerpo cuando  no sepas curar tus heridas ni defenderte del peligro que llegó cuando no estabas preparado. La ignorancia es el vacío, es no tener nada y querer la ignorancia es no querer nada.


Disfrutad de vuestra ignorancia, porque a mí me aterra la venda que me ciega y me bloquea.

26/4/13

Estado de sitio

Las pruebas de la batalla son desconcertantemente escasas. Un banco cojo, un cristal roto. No queda huella del miedo, la tensión, la adrenalina, la furia  y la violencia que hace unas horas corrían por los pasillos. Nada que esgrimir como prueba del delito, nada que defienda nuestro recuerdo. Nada a parte de la sombra en nuestras almas.

Guardias jurado custodian las puertas. Control de entrada. Control de salida. Control de paso. ¿A dónde vas? ¿De dónde vienes? ¿Cuáles son tus intenciones? ¿Puedes identificarte? No tienes más derechos que los que yo te quiera dar y ya estoy cansado de lo que haces con tu libertad. Prostituye tu mente, vende tus ideales y hablaremos. Los demás ya lo han hecho, ¿cuál es el problema?
Rebeldía, revolución y principios son patrañas de la juventud. Crece de una vez, maldita sea. Ya no eres un crío para jugar a quemar las calles. Deja de soñar. ¡Despierta! Esto es la realidad. Mi realidad. Y tú estás en ella.

Te he enseñado lo que es una buena vida. Te he enseñado a lo que debes aspirar, en lo que debes creer, lo que debes pensar. Nunca te habías quejado, ¿cuál es el problema? Si quieres conseguir todo lo que deseas, ya sabes lo que tienes que hacer. Yo te he dado anhelos y herramientas para conseguirlos, ¿cuál es el problema?

Sonríe y asiente. Así, muy bien. Otra vez, por mí. Muchas gracias. Rellena el formulario, abona las tasas y ponte en la fila. Tendrás que deshacerte de tus creencias e ideas, pero no te preocupes, te daré otras nuevas. Y puedes quedarte con tu gorra, tus pantaloness y chalecos, conserva tu individualidad. Sé que te gusta ser especial. Y podrás serlo, podrás ser cualquier cosa que te haga feliz. Sólo tienes que avanzar con los demás. Entra al redil, verás todas las comodidades que ofrezco.

Así me gusta. Sonríe y avanza. Muchas gracias.

Siguiente, por favor.

17/10/12

Caza



El cazador se movía sigiloso entre las ramas, que se enganchaban a sus ropas como si quisieran detener su avance. Sin embargo, llevaba años recorriendo aquella zona con su pequeño grupo y sabía bien cómo actuar si quería conseguir su trofeo. A pesar de su secreta resistencia, el bosque parecía sumido en un profundo sueño. Una brisa imperceptible, que de vez en cuando susurraba entre las hojas, los incómodos insectos que se pegaban a su piel y el trino aislado de algún pajarillo eran la única prueba de que la vida no había desaparecido de aquel lugar. El hombre no se extrañó. Había visto los troncos apilados en el camino y sabía que unos kilómetros más arriba, junto al lago, los cimientos de una nueva urbanización empezaban a asentarse; no era de extrañar que el lugar se hubiese apagado.

Entonces escuchó unos crujidos y un grito que rasgó la paz durante unos segundos. Una sonrisa perversa afloró en su rostro. Seguramente Juan había localizado a la corza y empezaba a espantarla en su dirección, tan solo debía estar atento y disparar en el momento adecuado. Pero el ruido no se repitió y la corza no apareció. Con un encogimiento de hombros siguió abriéndose paso, sin darle mucha importancia.

No la vio hasta haber pasado de largo. Inmediatamente volvió sobre sus pasos para encontrarse con que no había sido cosa de su imaginación. Una muchacha estaba sentada sobre la rama de un viejo sauce mientras le susurraba una incomprensible melodía a una bola de pelo ensangrentada que acunaba en su regazo. Y a pesar de lo desconcertante de la escena, lo que más extrañó al cazador fue la rama, que parecía enroscarse al cuerpo de la chica, recogiéndola en un tierno abrazo, y descendía hacia el suelo como si en vez de buscar la luz del sol ansiara la comodidad de su ocupante.

—¿Qué ha ocurrido? —su voz rompió el hechizo y el canto se detuvo.

Quiso gritar desesperado cuando ella alzó el rostro anegado de lágrimas y sus miradas se encontraron. El hombre sacudió la cabeza, intentando disipar aquel extraño sentimiento de agonía que había provocado el silencio. Algo en ella estaba mal, pero no alcanzaba a discernir el qué. Quizá fueran esos extraños ojos que parecían vacíos, quizá sus ropas ensangrentadas o quizá era la impresión de haber entrado en un sueño. Pero antes de que pudiera pensar con claridad la cuestión perdió importancia. Olía a flores.

—¿Te encuentras bien, pequeña?

—La vida se agota —susurró ella melancólicamente.

—¿Cómo te llamas? ¿Te has perdido?

Debía sacarla de allí, pensó, no quería estar de cacería con una niña dando vueltas entre la maleza. Así que se acercó un poco más, tendiéndole la mano para ayudarla a bajar del árbol, pero ella no se inmutó.

Shizen no Fukushû. No puedo permitirlo.

—Claro —dejó caer la mano, sin entender. No parecía estar muy bien de la cabeza—. Lo primero es que bajes de ahí y....

—Yasei Shizen —de pronto su voz tomó fuerza, se volvió firme y amenazadora—. Me llaman Yasei Shizen, hombre, cuida lo que dices en este lugar.

—Te llevaré a casa, ¿de acuerdo? Déjame ayudarte a volver al pueblo.

Ella rió con fuerza. El viento tomó energía y sacudió los árboles al son de sus carcajadas.

—¿Eso te gustaría? ¿Crees que puedes socorrerme? —se deshizo del pequeño cadáver, que rodó hasta los pies del hombre. El conejo, de pelaje pardo, estaba abierto en canal—. Sí, no dudo que quieras hacerlo, eso aliviaría tu conciencia, ¿verdad?

—Vamos —ordenó él, volviendo a tenderle la mano—. Tus padres no deben estar muy lejos. Estamos de caza y podrías hacerte daño.

—Caza —escupió la palabra como si le quemase en los labios—. Destrucción. Muerte. Eso es todo lo que sabéis hacer. Ah... dulce venganza —echó la cabeza hacia atrás con una brusca sacudida e inhaló lentamente—. Sí, Yasei Shizen ha llegado.

Desechó la ayuda que le ofrecía de un manotazo y estiró las piernas hacia el suelo. Entre maravillado y horrorizado, el hombre observó cómo la nudosa rama deshacía la presa en torno a la chica y se amoldaba a ella, cambiando de forma, hasta que sus pies reposaron sobre la hierba.

—¿Qué...? —las palabras se le enredaban en la lengua— ¿Cómo diablos has...?

No entendía nada de lo que estaba ocurriendo. Tal vez esa cría no era una dulce muchacha perdida en el bosque, tal vez lo mejor sería alejarse de allí lo más rápido posible. Pero se quedó donde estaba, mirando la sangre del conejo en sus botas. Olía a flores. Una estúpida sonrisa afloró en su rostro, siendo recompensada con una juguetona risa de niña. Ella empezó a dar vueltas a su alrededor, riendo y tarareando, sumida en su propio juego secreto.

—Asesinos. La Madre clama venganza —cantó—, 2Okuninushi está en camino. Todo daño recibirá su castigo. Sois muerte de acero y cristal que hiere la Tierra... ¡Y seréis sepultados por su furia salvaje!

Se detuvo, y sin dejar de murmurar para sí la enfurecida melodía, cogió un de los cuchillos que llevaba el hombre al cinto.

—Hoy el bosque también ha salido de caza. ¿Imaginas ser el conejo?

Clavó el arma en la flácida carne de su estómago y con una sonrisa cruel le abrió el vientre en canal. El hombre se desplomó en el suelo, bañando la tierra con su sangre, sin borrar esa expresión de vacía alegría de su rostro. Olía a flores.



*Shizen no Fukushû: En japonés, venganza de la naturaleza.
*Yasei Shizen: En japonés, naturaleza salvaje .
*Okuninushi: En la mitología japonesa, señor de la Tierra.




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Este relato es de la época en la que estaba descubriendo Japón y su encanto adictivo, así que me encantaba llenar los textos de palabras o expresiones en japonés. Ahora me parece un poco estúpido llenar un texto de trabas y tropezones, y estoy un poco desencantada con toda la literatura sobre (o ambientada en) Japón, escrita desde fuera y llena de palabras en japónés que busca un exotismo desmesurado, como si el país no tuviese suficiente encanto por sí mismo.Sin embargo, al escribirlo me pareció una clave importante, así que os lo dejo para que penséis en sádicas duendecillas niponas protectoras del bosque.

1/6/12

Chocolate


Aquel día estaba muy nerviosa. En realidad llevaba una larga temporada muy nerviosa. Y por supuesto, tú tenías la culpa. Tú y solo tú eras la razón por la que me sudaban las manos, por la que no era capaz de concentrarme,... bien, es muy posible que incluso hoy siguieses teniendo ese mágico efecto sobre mí. Maldita sea, tú habías conseguido que me doliese el corazón de tanto pensar.
Era el último día de clase, el final que todos esperaban con ansia. Yo solo deseaba que no llegase nunca. Después de ese día puede que no volviese a verte, quizás desaparecerías de mi vida, tal vez los años borrarían tu recuerdo, y tu nombre, tu rostro, volarían de mi memoria. No, yo no veía el fin de curso como motivo de fiesta.

Y sin embargo, ahí estábamos, en la puerta, despidiéndonos de todo lo que dejábamos atrás. Hubo muchas lágrimas aquel día, creo que incluso a ti se te escapó algún pequeño sollozo entre abrazo y abrazo. Eso era lo que más me gustaba de ti, tu ternura y tu fuerza. Al verte allí, sonriendo con determinación mientras te esforzabas por contener la pena, tan solo quise estrecharte con fuerza, apretarte contra mi pecho y alejarte de todo aquello.
Al final lo conseguí. No, no como habría deseado, no te rodeaba entre mis brazos, pero al menos nos alejábamos del tumulto y estábamos a solas. Llegamos a la puerta de tu casa y por fin comprendí la escena que se había montado hacía unos minutos, el dolor de la separación, la frustración. ¿Era eso lo que habíais sentido vosotros?

—Te echaré de menos —murmuré, vacilante.

Aquello era demasiado complicado. Toda la determinación que había acumulado durante semanas... durante meses, parecía haberse esfumado.

—No, no vamos a dejar de vernos —fue tu respuesta.

Creo que sonreí con tristeza, jamás dejaría de admirar tu inocencia. ¿Existen los Reyes Magos? ¿Mantendríamos el contacto?

—Yo... verás... hay... hay una cosa que quería pedirte...

—Claro, lo que sea —te ofreciste sin dudar.

Lo que sea. Cualquier cosa que me pidas. Esas palabras taladraron mi cerebro y mi hicieron querer chillar de frustración. Todo podría ser tan fácil... Si tan solo fuese un poquito más valiente y tú me importases un poquito menos...
Te miré y una vez más me perdí en esos llanos ojos marrones que me traían loca. Tu rostro sincero y esa mirada alegre y franca me habían conquistado desde el primer momento. Estabas apoyada contra la pared despreocupadamente. Si tan solo hubieses podido atisbar mi mente por un segundo, no habrías estado tan tranquila. Mi cerebro maquinaba contra mí, mostrándome todas las formas en que podría acercarme a ti y tocarte antes de verte desaparecer. Porque incluso en mis más sucias fantasías tú siempre terminabas escapando de mí. Después de todo seguía siendo una persona realista.

—¿Eva? —llamaste al ver que no respondía.

Levanté la barbilla en un último gesto de orgullo y, haciendo de tripas corazón, te besé. A mi contacto te quedaste rígida. Intenté ser dulce y gentil mientras tomaba todo lo que podía de ti. Un segundo mis labios se posaron sobre los tuyos con una suave caricia, al siguiente mi cuerpo se pegó al tuyo, intentando grabar tus curvas sobre mi piel. Otro más y ya te habías desecho de mi abrazo... Un abrazo en el que ni siquiera me había dado tiempo a rodearte con mis brazos y estrecharte con fuerza.

Había horror en tu cara, tus ojos me observaban con miedo, como si acabase de desvelarme como el hombre del saco. ¿Había valido la pena? ¿De verdad un suspiro fugaz contra tu boca valía el precio de la amistad? Me humedecí los labios con nerviosismo y encontré mi respuesta. Ahí estaba tu sabor, impregnando mi piel, alimentándome. A partir de ese momento cada onza de chocolate que probase me haría pensar en ti.

—¿Estás loca? —tu voz fue mucho más aguda de lo normal, un pequeño grito aterrado—. ¿Por qué demonios has hecho eso?

—Porque quiero estar contigo.

Las palabras se deslizaron de mis labios antes de que fuese consciente de ello e inmediatamente me arrepentí. No porque fuese mentira o me avergonzase. Si no hubiese tenido tanto miedo por ti, haría mucho tiempo que serías mía. Fue tu reacción. El rechazo.

—Sandra, no voy a... Solo quería que lo supieras antes de perderte.

Pero no había forma de arreglarlo, el juicio ya se había emitido. Yo pensé que me querías. Que éramos amigas. No te pedía nada más que aceptación, no buscaba amor, no lo esperaba. Ni siquiera comprensión. Tan solo me habría bastado con que no te hubieses alejado de mí.

—No.

Rotundo, definitivo. Nada más decirlo te marchaste, dejándome allí tirada como una imbécil. No te culpaba, sabía lo que arriesgaba cuando lo intenté, pero de alguna forma, en lo más profundo de mi corazón, había soñado otra cosa.

Te miré alejarte y había lágrimas en mis ojos. ¿Realmente había valido la pena?

La falda recortaba tus piernas, tu cadera se contoneaba en un movimiento fluido. Me relamí con placer. Al menos había probado tu sabor.

Sabor a chocolate.








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Image by mad-o-femme


Vuelvo a recuperar relatos. Chocolate tiene ya unos años y cada vez me parece más lejano, pero no deja de despertar en mí cierta ternura, me hace pensar en la inocencia de esos primeros "me gustas". En la torpeza, el miedo, la ilusión,... Todas esas cosas que me gustaría haber plasmado y queda en vuestras manos imaginar. Así que hoy que tengo el día tonto, lo saco del cajón una vez más.

1/5/12

La farándula no se calla, la callan

El país se levantó cuando cortaron los pitidos al himno de España en un partido de futbol. ¡¡Horror!! ¡¡Afrenta!! ¡¡Censura!! Las redes sociales se pusieron en pie y los telediarios sacaron a la luz el pequeño "fallo técnico".

Ayer desapareció casi UNA HORA de la gala de entrega de los premios MAX en la retransmisión de TV2 -hasta donde yo sé un canal público- y sólo lo sé porque estuve allí. Lo más gracioso es que la gala estaba dedicada al público, pero el público no pudo verla entera.
Fue una hora de discursos censurados. Una hora de palabras que denunciaron los impagos, que fueron críticas con el gobierno, con la situación actual de la cultura y con todo lo que le queda por enfrentar. Una hora llena de contenido, joder. Pero que no se preocupe nadie, TVE ya ha explicado que se trató de un error en la retransmisión y como la gala se alargó 40 minutillos más de lo previsto, cortaron una hora. No, esperad, no os ríais todavía, en realidad un duende rebelde se coló en sus equipos y molestó en los peores momentos, por eso hubo cortes y no pudieron retransmitir la gala intacta, como era su ética intención. ¿A que sabiendo la historia completa todo cobra sentido? Porque con la versión abreviada te entra la risa floja.

En cualquier caso, da lo mismo que haya sido un duende, un político o el monstruo del Lago Ness, porque apenas se han quejado un par de raritos de esos a los que les gusta el teatro y no merece la pena escuchar. Y yo entiendo que a muchos se la sude el teatro y se la sude la cultura como a mi me la suda el fútbol, pero ¿no acojona un poquito pensar que solo ves y oyes lo que te permiten ver y oír? Y disfrutad de internet mientras podáis porque os recuerdo que otra de las propuestas para sacar el país adelante es castigar a cualquiera que difunda una convocatoria de manifestación o reunión o cualquier otro derivado que no guste al gobierno. Ya no sé si reír o llorar al pensar que este post viene justo detrás de la convocatoria de una manifestación en la que pedíamos Libertad de Expresión -así, con mayúsculas, que esto sí que es digno de fe y adoración y tenéis las mismas posibilidades de encontrarla que a dios, tenga el nombre que tenga-.

¿Alguien dijo censura? Ah, no, que en este momento habrá algún partido de algo que acapare vuestra atención. O una corrida de toros. O coches dando vueltas en un circuito. No os preocupéis por la censura, cuando os arranque el culo ya habra tiempo, dejad que os muerda con fuerza.

Oh, perdón, se me olvidaba que ahora todos estos fallos se llaman democracia, así que no hay ningún problema.